OPINIÓN: “EL JUEGO EN TIEMPOS DE PANDEMIA”

Natalia Villar, académica de la Escuela Educación Física y especialista en Psicomotricidad de la Universidad Católica del Maule.

Hoy en día nuestra rutina ha mutado y sufrido cambios inimaginables, que hace unos meses atrás ni pensábamos que podían ocurrir, hemos empezado a vivir la era del: “quédate en casa”. Los niños más pequeños (infancia y niñez), deben transformar y volver a reconocer una nueva rutina en casa, con nuevos profesores (que son papá y mamá), con nuevas reglas a seguir, sin recreos para compartir con compañeros, con retos de por medio por no entender, excesos de castigos asociados por no hacer bien las tareas, con horarios extraños y en el que todos deben compatibilizar los recursos tecnológicos como el computador, tablet, celular, para hacer las tareas diarias.

Para aquellos padres que tienen a hijos e hijas menores a 8 años, es imprescindible que dentro de su rutina diaria, se pueda instalar un horario definido donde el infante pueda jugar de forma libre y espontánea con la finalidad de propiciar un tiempo de desempeño propio del niño y niña, en donde el aprendizaje es realizado por esta pequeña persona y no por adulto. Un tiempo que el niño y niña disfrute ser así, “un niño”, lo que será de gran ayuda al desarrollo de la confianza, personalidad y creatividad.

¿Cómo debe ser el espacio? Siempre los padres se preocupan de poder tener un enorme espacio para poder jugar, pero para trabajar el juego libre solo es necesario seguir las siguientes recomendaciones. Lo primero es que tengan un espacio libre de cosas que puedan dañar la integridad de su hijo o hija.

Para realizar el trabajo corporal, no son necesarios juguetes de marcas reconocidas. En casa tenemos muchos materiales a los que podemos sacarle provecho. Por ejemplo, podemos integrar materiales de dos bandos, duros y blandos, ya que cada uno de ellos ayuda a desarrollar en los niños y niñas estrategias de creatividad e imaginación que los juguetes convencionales no poseen. Para ello se pueden reunir cajas de distintos tamaños, como las cajas de los cereales, del té, detergente, pañuelos desechables, etc., y colocarles alguna cinta adhesiva en las ranuras para que no se abran.  También con ayuda de papel de diario o calcetines viejos, realizar pelotas de distintos tamaños, si se usa papel, pueden enrollarlos y formar aros (también llamados ula-ula). Botellas de distintos tamaños y tapas; los cilindros de cartón de papel higiénico y toalla nova, los envases de yogurt, cojines y almohadas en deshuso, también son potenciales juguetes para nuestros niños.

Para nuestro piso se puede utilizar alfombras viejas, colchonetas, piso de goma eva, frazada u otro material que ayude a crear un suelo más cálido.

También el incorporar telas (puede ser una sábana vieja) y cortarla en varios trozos de distintos tamaños, peluches, lápices de colores y hojas, música de relajación (del celular de los padres) y un cuento, son buenas estrategias para fomentar la creatividad.

¿Cómo empieza el juego? Lo primero que debemos saber es que el total del juego es de una hora distribuido en tres tiempos, con ello debemos colocar todos nuestros materiales ordenados uno al lado de otro. Una vez listo, le decimos al niño y niña que ya es hora de jugar, que tendrá 40 minutos para desarrollar lo que quiera, debe saber que cada material está en un lugar guardado que al terminar el juego debe volver a ordenarse, que tiene que cuidar las cajas que son para apilar, y lo más importante que “disfrute jugar”.

Para comenzar el niño o niña debe destruir la torre hecha con las cajas y luego pueden empezar a divertirse y crear. Déjalos que transmitan lo que deseen a través de sus creaciones, no juzgues lo que hacen, no intervengas sino es pedido por el pequeño, déjalos que hablen fuerte o que griten, este es un mundo creado e imaginado por él, por sus habilidades cognitivas no por las del adulto.

Cuando pasen 35 minutos, se les anunciará a los niños y niñas que solo queda 5 minutos de juego, y darle énfasis a esta orden, cuando termine el tiempo, se les pide que ordenen las cosas cada una en su caja o contenedor, en las primeras veces les costará, si lo ayudas será más fácil, y después cuando su cerebro se acostumbre ya lo hará sólo.

Ya con todo en su lugar, viene un momento muy importante, en el que le decimos a nuestro cerebro, es hora de pensar, y para ello podemos utilizar: música de relajación o un cuento, mientras el niño o niña se ubica nuevamente en la alfombra.

Al terminar el momento anterior, le dices a tu hijo o hija que saque papel y lápices de colores y que tiene 15 minutos para dibujar lo que ha vivido en la hora del juego libre, qué fue lo que más le gustó, qué juegos realizó, o cómo te has sentido en casa. Un dibujo que después puede guardarlo en una carpeta o pegarlos en alguna pared especial.

Padres, este gran momento de juego ayuda a que nuestros hijos e hijas tengan un espacio de dispersión, a través de sus propias posibilidades de acción, tanto motrices como cognitivas, donde puede fluir su personalidad y sentirse más autónomos, sin sentir por un rato la mirada del núcleo familiar.

 

“Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento de la Universidad Católica del Maule”.